Guedes y Soler

No se esperaba el Villamarín nueve goles pero sí lo que significan, ya, Betis y Valencia para la Liga española. Ambos equipos pudieron ser lo que buscan ser, también lo que aún les falta para serlo por completo. En un duelo frontal de estilos, andaluces y valencianos consumaron un partidazo de dos tramos. El primero, donde el Valencia sentenció con una ventaja de cuatro goles que apunto estuvo de quedarse en papel mojado tras la fugaz y arrolladora reacción bética, que se enganchó a un marcador casi definitivo en diez minutos de locura. Se lo llevó el Valencia de Marcelino finalmente, demostrando que tiene sistema de contragolpe para optar a la victoria en cualquier campo del país.
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Y lo hizo en base a su juego de bandas, ocupadas por dos de los hombres de la noche. Antes de ser nombrados, procede situar el marco de los primeros veinte minutos, que vio al Betis con Guardado en la sala de máquinas, con siete de sus compañeros posicionados en campo rival desde el primer pase. Rasgo inequívoco de los equipos de Setién, todos los posibles receptores empezaban muy arriba. Para responder, Marcelino colocó a su equipo en mitad de cancha, sin presionar la salida y sin replegar sobre su frontal, dejando mucho espacio a su espalda.

El Betis buscó por ello la verticalidad, con muchísimos cambios de orientación. Joaquín, como efecto laca, fijo pero flexible, recibiendo al pie, y León al espacio fueron los punzones sobre los que la zaga che tuvo que fijar más atenciones. No obstante, no logró el Betis posiciones muy claras, cayendo mucho en fuera de juego, ante un Valencia que arrancó muy tibio, perdiendo cada balón que podía suponer una transición favorable. Aún así, en ese contexto de pérdida y recuperación verdiblanca, el Valencia permaneció de pie. Y desde ahí, encontró el filón.

El aviso estaba dado cuando Andrés Guardado tuvo que salvar un par de situaciones como mediocentro corrector. Habilitado ya ese espacio a los lados del mexicano para salir, el Valencia le tomó la cara a la noche en el Villamarín. Y lo hizo en base a la tremenda calidad individual de los tres hombres más claros con la pelota: Soler, Guedes y Parejo. Desde las bandas, en todas direcciones, con la pelota o sin ella, el Betis se situó al borde de un precipicio que Marcelino ya maneja como una ventaja competitiva. Esos tres nombres son calidad diferencial para lograr los objetivos.
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Entre lo más destacable está en como uno u otro, Soler o Guedes, pueden ser inicio o final de una jugada. Ambos cuentan con cualidades muy notables para sumar en zonas pobladas o despobladas, como creadores de la ventaja o finalizadores en el lado débil de la defensa contraria. Eso permite a Parejo sumarse sin rutina a ambos lados, si bien el izquierdo, donde cae Rodrigo y sube Gayá, deja a Soler como hombre de segunda línea que llega al espacio. Así el Valencia comenzó a sumar contragolpes de cuatro jugadores, cruzando movimientos de toda índole, ya característicos en su plan general. Un equipo completo a todo campo.