Mestalla en el precipicio

Como el cartel que acompaña algunos paquetes de correo o cajas de mudanza que llevan algo delicado en su interior, el sistema defensivo del Valencia de los últimos cuatro años se acercaba con demasiada continuidad a ese adjetivo: frágil. Muchos entrenadores, muchos jugadores nuevos y una fragilidad que no sólo tenía que ver con lo material, sino también con la imposibilidad de generar confianza y la mirada cabizbaja posterior que erosionaba los planes posteriores.

Especialmente paradigmático fue lo de Cesare Prandelli o Pako Ayestarán, pues con ellos se vio, de manera especial, cómo el error no sólo era una constante sino que penalizaba la competitividad y la reacción del equipo, produciendo un eterno deja vu. Puede que hoy el Valencia no tenga jugadores más apropiados, tampoco menos, que en otras temporadas, ni que tenga una plantilla superior a otras del pasado, pero hoy es un equipo que quiere, importante, y que está cerca de poder decir que defensivamente es un colectivo fiable.
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De hecho, la configuración valencianista, a título individual, podría estar relacionado con cierto desorden en medular y zaga que no está siendo tal. La minuciosidad y mesura, tanto de sistema como de discurso de Marcelino, han impregnado al Valencia de mucha mayor conciencia. El arranque, además, era muy importante para invertir tendencias y comenzar con dinámicas muy distintas a las del pasado. Ahí, el técnico asturiano está marcando las diferencias con su 4-4-2, un dibujo que permite racionalizar las tareas defensivas a los once futbolistas, facilitando ocupar una parcela del campo concreta. Además, su equipo deja dos datos, relacionados, que explican este buen hacer defensivo.

Hasta el partido ante la Real Sociedad, el Valencia encajaba gol con una media de veinte tiros del rival, cuando la temporada pasada, en esas mismas cinco primeras jornadas, al quinto tiro se producía el gol encajado, una diferencia tan increíblemente amplia que permite establecer y sacar conclusiones. En campo propio el equipo sabe protegerse y sus mecanismos de ataque definen bien cómo ordenarse tras la pérdida. No hay en su rival opciones precedidos de errores o regalos.
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Además, el Valencia ha conseguido ir siempre por delante en el marcador. Garantizando una efectividad alta en ataque -tercera delantera de la Liga en efectividad- y manteniendo constantes defensivas muy sólidas, los valencianistas únicamente han estado diez minutos, en el Bernabéu, por debajo en en el electrónico, los 530 minutos restantes lo hizo por delante o en igualdad, siendo el mejor equipo de la Liga en este apartado. Habiendo visitado Anoeta y Chamartín, y recibido al Atlético de Madrid, el Valencia transmite una solidez como pocos proyectos nuevos en este inicio. Más allá de nombres propios, que no se han citado en el texto, Marcelino ha tocado la tecla que lo suaviza todo. Mestalla ya no es un precipicio.

El merito lo tiene es de Marcelino que ha hecho un equipo donde todos defienden y atacan con ese 4-4-2 donde están ocupando muy bien los espacios pero añadiría un par de bajas.